Soy el rey del mundo

Se había acostado. Solamente se tumbó, casi que se dejó caer, y ya dormía profundamente. Respiraba calmadamente y con intensidad. Entre sueño y sueño dejaba escapar algún maullido como pidiendo auxilio.
Dormía profundamente y soñaba. Su pelo era algo parecido a un estropajo, nada suave - las pulgas lo acribillaban y no había manera de que lo dejasen en paz.
El olvido impregna su mente constantemente y
por eso no tiene rencor, no odia, ni necesita vengarse.
El tiempo no transcurre, pero es algo que se advierte.
No hay nadie en este mundo que pueda albergar tanta
paz en un remanso.
Un gato manso, muy manso. Lento y ágil - elegante.


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