Aly y las maravillas ii
Una voz que parecía venir de la luz
repetía, bienvenidos, pasad, pasad... mi casa es vuestra casa si es
que hay casas de alguien. Entrad, sin miedo, bienvenidos, pasad,
pasad... Acercaos, escuchad con atención y preguntad lo que queráis,
pero no toquéis nada. Mis maravillas son muy delicadas y se
desvanecerían como el polvo si las tocarais. Según se acercaban
hacia la voz ésta se iba haciendo cada vez más y más lejana. Había
muchas voces, confusas, en muchos idiomas, lenguas diferentes las
hablaban, mentes distintas las oían, nadie entendía nada. Reinaba la
confusión. De esas palabras salían imágenes, de las imágenes
salían más palabras: historias, cuentos, desgracias, trabajo,
detrás de cada imagen una maravilla, un horror, un desastre. Se
sentían los lamentos en el corazón y el pánico. El temor, la
soledad y el viento. Y luego la noche, la calma del amanecer y del
calor del sol en una playa desierta. Y nada más.
Una pregunta: ¿qué quieres ahora?
¿Qué deseas?
Una respuesta: te amo.
Sólo a ti y a nadie más. Eres mi
tiempo perdido, y eres todo lo que tengo en mi haber que valga más
que mi rutina. Mi locura y mi mente. Eres mi voz y flecha que se
clava dolorosamente en tu memoria. Hay ciertas cosas que me alejaran
de ti. Pero regresaré a esta casa para estar y ser contigo nada.
Nada nos separará.
Pinocho mentía un montón. Dice el
cuento que se convirtió en un niño de verdad. Aly se convirtió en
un cuento, una leyenda. Cargaréis con su cruz hasta que desaparezca
el horror. Nada le separa ya de su lugar. Porque el mundo es un lugar siniestro y a tu lado merece la pena.
Miau.
Y terminaremos con una maldición, un conjuro secreto y oscuro que guarda secretos aún más oscuros y siniestros. Porque en el desván del tiempo las habichuelas mágicas crecen hasta los castillos en las nubes de los gigantes.
FIN


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