Aly y las maravillas V
Aly siguió adentrándose en la cueva, llegó a una sala monumental, enorme, gigantesca. La coronaba un altar al que se accedía a través de unas escaleras. Aly pensó que desde allí arriba podría contemplar la magnitud de la sala. Subió y se colocó delante de ese altar. Oyó aleteos en el aire. A lo lejos vio unos pájaros que salían de entre la oscuridad le las paredes de la cueva. No eran pájaros. Según se acercaban hacia Aly, empezó a distinguir que se trataba de libros voladores en realidad. Iban en su dirección, instintivamente se agachó, porque parecía que iban a atacarlo. Pero para su sorpresa se posaron sobre el altar, abiertos de par en par. Aly ojeó rápidamente la mesa cubierta de libros abiertos, alucinado leyó lo primero que vió en voz alta: "Lévantate, levántate, reviste tu fortaleza, ¡oh Sión!; viste tus bellas vestiduras, Jerusalén, ciudad santa, que ya no volverá a entrar en ti incircunciso ni inmundo. Sacúdete el polvo, levántate, Jerusalén cautiva; desata las ligaduras de tu cuello, ¡cautiva hija de Sión! Porque así dice Yavé: De baldes fuisteis vendidos y sin precio seréis rescatados." Según dijo ésto la Biblia empezó a aletear otra vez y se fue volando de dónde había venido. Otro libro llamó su atención que había quedado abierto y leía:'Espero' dijo Oliver, cuando Mrs. Maylie volvió, 'que no haya nada de importancia? No se la ve muy bien esta noche pero...'
La vieja señorita lo instó a no hablar; y sentándose en un rincón oscuro de la habitación, permaneció callda por un tiempo. Al final dijo, en voz temblorosa:
'Espero que no Oliver. He sido muy feliz con ella por unos años: demasiado feliz, quizás. Puede que haya llegado el momento que me encuentre con la desgracia; pero espero que no sea ésto'
'Qué?' preguntó Oliver.
'La gran sacudida' dijo la vieja dama, 'de perder a la niñita que por tanto tiempo ha sido para mi la felicidad.'
'Oh! Dios no lo permitirá! exclamó Oliver.
'Amén a éso mi nño! dijo la dama estrechando sus manos.
'Seguro que no hay peligro de que algo tan terrible ocurra?' dijo Oliver. 'Hace dos horas estaba bastante bien.'
'Está muy enferma ahora' continuó Mrs. Maylie; 'y irá a peor, estoy segura. Mi querida, queridísima Rosa! Oh, que haré sin ella!'
Le dio tanto emfasis a su gran sufrimiento, que Oliver, suprimiendo sus propias emociones, se atrevió a reprenderla; y a suplicar, sinceramente, que por el bien de la jovencita debería calmarse.
'Y considere, señora' dijo Oliver, que la lágrimas se le escapaban de los ojos, a pesar de sus esfuerzos por evitarlo; 'oh! considere lo joven y buena que es, y los placeres y cariños que ofrece a todos los que están a su alrededor. Estoy seguro, bastante seguro, que, por su bien, que también es muy buena; y por el suyo propio; y por el bien de todos a los que hace feliz; que ella no morirá. El cielo nunca la dejará morir tan joven.'
'Shh!' dijo Mrs Maylie, pusiendo su mano sobre la cabeza de Oliver. 'Tu piensas como un niño, pobre chico. Pero me enseñas mi deber, de permanecer firme. Lo había olvidado por un momento, Oliver, pero espero que me sea perdonado, porque soy vieja y he visto suficiente enfermedad y muerte para saber la agonía que provoca separarte de los objetos de nuestro amor. He visto lo suficiente también, para saber que no son siempre los más jóvenes ni los mejores quienes son repartidos entre aquellos que los aman; pero ésto debería darnos alivio en nuestro sufrimiento; porque el Cielo es justo, y tales cosas nos enseñan que hay un mundo más brillante que éste; y que hacia él no se va rápidamente. ¡Que sea lo que Dios quiera! La amo, y Él lo sabe bien!'
Al haber leído todo el pasaje el libro se cerró y se fue volando detrás de la Biblia. Aly no entendía o entendía demasiado: estaba alguien intentando enseñarle el camino a la salvación o hacia la muerte? Si necesitaba ser salvado, es que estaba en apuros. Y si todo resultaba un engaño y de lo que trataba todo ésto era una trampa, entonces también estaba en graves apuros. Lo que atormentaba a Aly era no saber qué apuros eran ésos, pues se sentía tranquilo y seguro... Pero sentía miedo, lo que había leído en los libros lo había dejado desosegado e inquieto. Había más libros encima del altar, pero no se atrevía a leer una palabra más.


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