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Estar allí parado leyendo era un rollo. No podía evitar pensar en dos palabras: No tocar. No tocar. No tocar. Según la vista se acostumbraba a la penumbra podía vislumbrar los diamantes, zafiros y esmeraldas que salían de las rocas del techo como lagrimotas colgantes.




FLOWER FIST


 

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